Esto es sólo producto de mi imaginación, y, después, de mi ego herido.
De amante fracasada.
Estos pensamientos decantaron un día ya, así que es un vómito verbal semi-concentrado.
¿Y qué si el poeta quiere darle latigazos con cable eléctrico a la joven escritora (o a cualquier otra persona)?
¿Acaso voy a ponerme a llorar y hacer un berrinche, como la inmadura que soy?
Es que deseaba tanto (lo del cable eléctrico).
Lo deseaba con todas mis fuerzas, con tanta intensidad (la misma intensidad que me invadía entera cuando estaba desnuda delante de él, y yo recibía sus correazos en mis muslos), con todo mi corazón, con todas mis ganas.
Y no le costaba nada. Era algo que sí podía darme, pero simplemente no quiso.
Yo ya perdí esa guerra. Ya no obtuve nada. No pudo darme lo que yo quería, y tuve que rendirme y retirarme. No quiero volver allí.
Pero, ¿y si llega otra persona, una más interesante y con talento (por ejemplo, la joven escritora), y el poeta decide que sí quiere darle lo que no me dio a mí?
Una noche en una cabaña.
Una relación con nombre.
Un viaje al sur.
Un doble fisting.
Latigazos con cable eléctrico.
Lo del cable eléctrico es lo que más lamento, incluso hasta el día de hoy.
No pensé que a estas alturas me haría llorar.
No son celos. Es mi ego herido.
Nunca fui suficiente para él.
Fui un fracaso como amante.
Cuenta hasta diez.
Respira.
Tu corazón es de piedra. Deja de pensar y de llorar por cosas que no pasaron.
Deja de imaginar cosas (que pueden o no pasar, no te tiene que importar). No te hace bien.
Pero lo más importante:
Deja de llorar. No dejes que la depresión y los pensamientos suicidas vuelvan.