viernes, 20 de junio de 2025

Amante fracasada

Voy a omitir la introducción de esta paja mental.
Esto es sólo producto de mi imaginación, y, después, de mi ego herido.
De amante fracasada.

Estos pensamientos decantaron un día ya, así que es un vómito verbal semi-concentrado.


¿Y qué si el poeta quiere darle latigazos con cable eléctrico a la joven escritora (o a cualquier otra persona)?
¿Acaso voy a ponerme a llorar y hacer un berrinche, como la inmadura que soy?

Es que deseaba tanto (lo del cable eléctrico).
Lo deseaba con todas mis fuerzas, con tanta intensidad (la misma intensidad que me invadía entera cuando estaba desnuda delante de él, y yo recibía sus correazos en mis muslos), con todo mi corazón, con todas mis ganas.
Y no le costaba nada. Era algo que sí podía darme, pero simplemente no quiso.

Yo ya perdí esa guerra. Ya no obtuve nada. No pudo darme lo que yo quería, y tuve que rendirme y retirarme. No quiero volver allí.
Pero, ¿y si llega otra persona, una más interesante y con talento (por ejemplo, la joven escritora), y el poeta decide que sí quiere darle lo que no me dio a mí?
Una noche en una cabaña.
Una relación con nombre.
Un viaje al sur.
Un doble fisting.
Latigazos con cable eléctrico.


Lo del cable eléctrico es lo que más lamento, incluso hasta el día de hoy.
No pensé que a estas alturas me haría llorar.

No son celos. Es mi ego herido.
Nunca fui suficiente para él.
Fui un fracaso como amante. 



Cuenta hasta diez.
Respira.
Tu corazón es de piedra. Deja de pensar y de llorar por cosas que no pasaron.
Deja de imaginar cosas (que pueden o no pasar, no te tiene que importar). No te hace bien.

Pero lo más importante:
Deja de llorar. No dejes que la depresión y los pensamientos suicidas vuelvan.

jueves, 20 de marzo de 2025

Malos sentimientos

-¿Estamos terminando? 
-No sé.
-Se supone que nos queremos, ¿no?
-Yo te quiero. Y te voy a querer siempre, pero... Pero yo no puedo seguir así.
-Con Mónica nos vamos a separar.
-No, no es eso. Es que... Lo de nosotros no es nada.
-O sea, eso decidámoslo juntos. Veámonos esta noche.
-No, no puedo. (...) Quisimos terminar muchas veces.
-Sí, pero ahora ya te quiero, y eso no tiene remedio. Me estás cagando.
-Va a pasar.
-No. Nada pasa. Todo queda dentro de uno.
-Tarde o temprano se olvida.
-¡Pico que se olvida! Uno no puede escoger lo que se va al olvido y lo que queda en el recuerdo. No entiendes nada, pendeja de mierda.


De pronto recordé esta escena de "Sexo con amor".


Algunos enlaces de referencia:
Un dibujo aquí (enlace disponible sólo si me tiene como contacto en Facebook, ah. No voy a andar mostrando mis dibujos a todo el mundo)



En septiembre de 2017 escribí sobre esta misma película. 
En ese entonces, estaba del lado del personaje de Jorge.
Ahora, inesperadamente, me siento un poco más identificada con Luisa. Y es un alivio.

Deseaba desesperadamente que él me quisiera. Pero eso no pasaba.
Lo deseaba con todas mis fuerzas.
Y lloraba y lloraba. Esperaba y lloraba (lloraba mares, vaya que lloraba), pero nada pasaba.
Simplemente nada pasaba en él.

Qué terribles fueron esos años.

Es un alivio no sentir lo mismo que sentía.
(Estos recuerdos me hicieron llorar)

jueves, 20 de febrero de 2025

Florista

Tengo una tía lejana (tía en tercer grado) que vive en esta ciudad.
Era florista (dato irrelevante).

La recuerdo a mediados de los años 90s con su pelo largo negro y brillante; joven, ágil.
Un día fui con mi madre a la estación de metro para encontrarnos con ella. Allí, ella me esperaba con una bolsa llena de regalos y juguetes.
La bolsa era muy grande, y yo, con mis 5 o 6 años, me había sorprendido mucho con la cantidad de cosas que tenía dentro.
Había de todo un poco: juguetes grandes, pequeños, juego de tacitas, muñecos, juguetes a pilas.
Yo, por supuesto, estaba feliz por los regalos, pero más estaba impresionada.

Notó mi asombro y ansiedad por abrir los juguetes, así me recomendó abrir uno que no tuviera piezas pequeñas.
Todo esto aún en la estación de metro, ah.
Me ayudó a abrir un juguete de maromero o trapecista, una figura que da vueltas de trapecio al ser accionado mediante hilos tensores.
Así estuve entreteniéndome toda la tarde-noche, mientras mi madre y ella pasaban el tiempo juntas.


Se casó una vez, pero enviudó demasiado joven aún.
Después de eso, se mantuvo soltera y nunca tuvo hijos.

Hoy tiene Parkinson (... y, a mi vista, una depresión evidente).
(El mundo sería un lugar menos triste si no existieran las enfermedades neurodegenerativas)

La enfermedad la deterioró terriblemente en este último año.
Hace meses, se mudó a un hogar de ancianos por voluntad propia. Va a pasar el resto de su vida allí.
(Todo muy triste)
Usa pañales y debe ser cambiada 6 veces al día. Le dan de comer y la bañan.
Su día a día es lo que dicta el horario establecido por ese asilo de ancianos.
Tiene dificultad para hablar. Apenas le sale un hilito de voz.
Su cuerpo se encoge y sus articulaciones se endurecen. Su rostro, siempre cabizbajo, casi no tiene expresión alguna.
No puede levantarse de la cama sin ayuda, pero (¿afortunadamente?) todavía puede caminar con su andador.
Todo esto estando ella aún con sus facultades mentales plenas, como si sufriera el síndrome del enclaustramiento.
(Nah, el síndrome del enclaustramiento debe ser mucho peor aun)

Hace unos días, acompañé a mi madre a llevarnos algunas de sus pertenencias. Va a vender su departamento. Ella (mi tía) también estuvo presente.
Me fui del lugar con 2 bolsas llenas de cosas: ropa, electrodomésticos, artículos de papelería, adornos, chucherías.
Al irnos del lugar, le di las gracias.
Y de pronto recordé el episodio del metro de hace casi 30 años, y me llené de nostalgia.
Ahora todo es más triste.

Me dieron ganas de decirle que recordé sus regalos aquella vez en el metro. No creo que lo haga.
Tal vez se lo diga a mi madre.
O tal vez no, y me guarde todo, como de costumbre.